domingo, 11 de diciembre de 2011

Necesidades de una mujer de parto

Tenemos tres cerebros en uno; parece un disparate, pero es real. Según los estudios de McLean, el cerebro de los humanos tiene tres niveles: el reptiliano, el mamífero primitivo (sistema límbico) y el superior o neocortex.
Cada uno de ellos tiene diferentes funciones, y pueden actuar paralelamente o bien interrelacionarse el uno con el otro.
El reptiliano es el más primitivo, su función es coordinar o modular las respuestas a las necesidades más básicas: supervivencia, sexualidad,alimento...
Seguidamente, en sentido evolutivo, está el cerebro mamífero primitivo, es el emocional. De él depende la capacidad que tenemos los mamíferos de crear vínculos emocionales: madre-hijo; hombre-mujer; niño-familia/sociedad...Además está muy implicado en respuestas nerviosas, endocrinas entre otras. La “inteligencia emocional” que tan de moda se ha puesto en los últimos tiempos tiene que ver con esta parte de nuestro cerebro. Es la responsable de nuestra capacidad de sentir, crear vínculos, convivir pacificamente.
Por último el neocortex, es la parte exclusivamente humana. Es la parte racional,la sede del intelecto; y es capaz de modular y coordinar las otras dos estructuras que son evolutivamente inferiores.
Y os preguntareis: ¿Y esto que tiene que ver con el parto? Pues todo.
En la sociedad actual hemos tomado una postura en la que parece que tenemos que controlar todo, nuestras emociones, los actos, nuestras reacciones ante acontecimientos inesperados. Nos importa muchísimo nuestra imagen, y lo que los demás vean en nosotros, cómo nos mostramos al mundo. Además parece que la tecnología tiene que estar siempre presente si queremos estar en la onda; y desgraciadamente estamos metiendo en el mismo saco todas las facetas de la vida: el parto incluido. Ese es un error descomunal que está pasando factura.
Dar a luz es un proceso instintivo, involuntario dirigido por el cerebro mamífero primitivo. Las hormonas que se liberan durante el parto (oxitocina y endorfinas, entre otras), tienen entre otras funciones la de dejar el intelecto de la mujer en “off”, para que se pongan en marcha todos la cadena fisiológica que tiene como resultado el nacimiento del bebé.
La simple activación del neocortex inhibe todo lo anteriormente explicado; y ésto es tan fácil como hacerle una simple pregunta a la mujer, encender luces, hablar en voz alta, el considerar el cuerpo de la mujer como el campo de trabajo de otros profesionales; ponen a la mujer alerta, se siente amenazada. De esta manera libera adrenalina, dejando totalmente inhibidas a las hormonas que favorecen la normal progresión del nacimiento. Como consecuencia el parto se vuelve lento, se para, siendo peligroso para ambos (mamá y bebé), y puede acabar en cesarea, instrumental y/o con riesgo de pérdida de bienestar fetal.
Esto se entiende si nos imaginamos a una gacela que está pariendo en el bosque, si oye un ruido que puede suponer una amenaza para ella y para su cría,el proceso se frena se libera adrenalina que le impulsa acorrer y a escapar del cazador, por ejemplo.
En la historia se han recogido testimonios de cómo parían las mujeres antaño, y en antropología se ha publicado bastante de las mujeres en poblados más primitivos: siempre se aislaban, se alejaban y muchas parían en solitario o acompañadas de otras mujeres expertas en la maternidad.
Las principales necesidades que tiene una mujer de parto son tan sencillas como tener luz tenue, un lugar acogedor, no sentirse observada, silencio, minima estimulación táctil, sonora e intelectual, sentirse segura, libertad para manifestar su dolor... Nada tiene que ver con alta tecnificación.

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