jueves, 29 de diciembre de 2011

RECUERDOS


Mi primer parto no fue bonito, una inducción larguísima para acabar en cesarea urgente por riesgo de pérdida de bienestar fetal (hizo una bradicardia.....).Me abrieron “casi a pelo”, tuve la suerte de ver como mi bebé lloraba cuando lo sacaron de mi utero, estaba bien. Luego me intubaron para la sutura, y me trasladaron algunas horas a la sala de despertar. El tiempo era algo totalmente relativo por el efecto de las drogas, pero lo único que tenía en mente era ver a Jorge, mi marido y mi niñ@. No sabíamos el sexo y me enteré cuando, de regreso a la habitación, la enfermera hizo un grandísimo esfuerzo por sacar a mi niño del nido, y ponermelo 1 minuto encima (es que en ese hospital a las cesareadas las separaban de sus hijos unas horas, para que los niños estuvieran en cunas solos, “en observación”). Era tan pequeño, lo recuerdo como un sueño, todavía estaba medio atontada.
A la mañana siguiente me lo trajeron, con un “rapido, rapido pontelo al pecho que le hemos bañado y se ha quedado helado”. En efecto, tenía cianosis y estaba llorando desconsoladamente. Menos mal que en el nido iba a estar mejor que conmigo... Era la primera vez que lo veía, lúcida. Era mi bebé, mi niño, tan chiquito. Se calló enseguida, lo tomé en brazos, me solté el camisón y sin ninguna prisa lo acerqué a mi pecho desnudo (en la habitación solos los tres, Jorge, el enano y yo). No quería que me robaran ese momento, fue tan bonito...Su manita arrugada y delgadita me tocaba, respiraba tranquilo con los ojos entreabiertos,le acerqué mi pezón y empezamos a reconocernos de nuevo... Era Diego (después de haber sido Mario unas horas).Le costó agarrarse, no fue algo inmediato como pasa en las pelis. Supongo que le habrían dado algún biberón en las horas de la separación. Pero los dos queríamos hacerlo bien, tuvimos paciencia el uno con el otro: Yo  con mi bebé, tan frágil ; y mi niño conmigo, una madre inexperta. Y nos fue bien, muy bien. Pasamos todo el tiempo que nos permitían juntos. Luego vienieron las cosas que nos pasan a todas, los pechos como piedras, las grietas, hongos... Pero eran pequeños obstaculos que gracias al apoyo del papá, que estuvo conmigo en todo momento, y a la cabezonería de los dos nos fue fenomenal.
El segundo parto tampoco fue mejor, acabó tambièn en cesarea. A mi niña la pude ver, porque me la hicieron con epidural y en cuanto me hubieron suturado; me llevaron a la sala de despertar. Pero en este hopital la dejaron conmigo y con mi marido en todo momento. Violeta, tan espabilada. Le acerqué a mí, ya movía la cabeza, buscando comida. Se chupaba el puño con tanta ansiedad... En cuanto encontró el pezón nos volvimos a unir, en esa simbiosis tan especial, como si no nos hubieran separado. Para ella fue tan facil, tan natural... No dejó de mamar hasta que nos llevaron de nuevo a la habitación.
 Mis dos bebés tan diferentes desde que los tenía en mi tripa, tan diferentes a la hora de mamar, y tan diferentes ahora en la infancia. Pero con los dos tuve una experiencia tan dificil de olvidar, me siento tan afortunada por haber podido dar de mamar a mis dos hijos. Gracias Diego y Violeta. Y también Jorge. 

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