martes, 20 de diciembre de 2011

UN POCO DE HUMOR

A colación de lo que hablaba ayer, he decidido darle un toque de humor, ya que he visto sensibilizados a algunos colegas medicos. Y algún médico más que colega (tú sabes quien eres...). A vosotros os dedico un poema que escribió hace tiempo otro médico:
 EL PERRO, EL GATO Y LA GALLINA
 Dr. Carlos Gonzalez
 Picoteaba un día una gallina
 entre unos desperdicios de cocina
cuando le sobrevino un deseo urgente
 de alzar la vista al frente
 y caminar con paso vacilante
 (el cuello para atrás y para adelante)
 hacia un montón de paja allí dispuesto.
 Cacarea,
se sienta, se menea,
pica, repica, suplica, tuerce el gesto,
se levanta, se vuelve, cacarea,
 puja, empuja, apretuja y pone un huevo.

 Un gato, que de todo fue testigo
(aunque el suceso no era nada nuevo)
reflexiona, lamiéndose el ombligo:
 "A las puertas del siglo XXI,
 y que aún pongan los huevos de uno en uno!"
No alcanza a comprender su alma felina
 que una simple gallina,
 sabiendo de ciencia, ni de oficio,
sin el auxilio de gente preparada,
 ni acceso al beneficio
 de la moderna técnica avanzada
 esté a poner un huevo autorizada.

 Se acerca el gato a un perro
 que dormita al sol junto al corral
 y al oído unas frases le musita en tono coloquial:
"¿Se ha fijado, colega en cómo pone la gallina, ciega
 al peligro, sin método ni nada?
Hemos de poner fin a un sufrimiento
 que hace de las gallinas instrumento
 de la naturaleza desatada".

 "Tiene razón", responde el aludido, "
que es la puesta una empresa complicada
para hacerla en un nido.
 Hay que abrir un centro veterinario,
a modo de huevario,
en el que sea la puesta controlada
 y el huevo por expertos atendido."

 Buscar deciden, pues, a la gallina
 que a la puesta parezca más cercana,
y resulta ser tal la Serafina.
 El gato le pregunta: "Dime, hermana,
 ¿no notas de algún huevo la venida?"
 "Nada noto" "¡Es puesta retenida!"
 "Hemos de proceder sin dilación.
 Estírate para la exploración."
¿Me siento así?" "¡No, tonta, boca arriba!"
 Procede a desplumar el perineo (¡qué vergüenza!).
"Colega, ya lo veo.
 Con una lavativa
y una infusión de hormonas adecuada
 habremos de inducir ahora la puesta;
 y una vez dilatada,
 hacer palanca con una cuchara
 y recoger el huevo en una cesta."
 (Hubo de dar el gato una tajada,
porque, si no, no entraba la cuchara.)

 Ya se extiende la voz: ¡Por fin la ciencia
 da respuesta a este problema diario!
 Las gallinas, con suma diligencia
 acuden al huevario.
Y es fama que de ciento que allí ponen
 son las cien boca arriba desplumadas
 las noventa tajadas, las cincuenta inducidas,
cuarenta instrumentadas,
y algo más de treinta salen con un buen corte en la barriga.

 Tan sólo una recela:
nuestra amiga que iniciaba esta historia.
Porque es gallina vieja, que ya ha puesto
 mucho huevo en la vida,
 y todo esto le huele más a esclavitud que a gloria.

 ¿No ha de tener mi cuento moraleja?
Hela aquí: Mujer, no seas gallina,
 y si lo eres, sé gallina vieja.
Pregunta al que entusiasta
 te aconseja métodos tan científicos y nuevos.
"¿Ayudas tú en verdad a la gallina,
o sólo vienes a tocar los huevos?"

Un  saludo, Sara

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