domingo, 2 de diciembre de 2012

Estrés en el embarazo.


En la sociedad en la que estamos inmersos la palabra ESTRES es algo que está de “moda”.
A menudo se han publicado estudios sobre su efecto en el organismo, y hoy analizaremos los efectos en la mujer embarazada y su bebé.

Ante todo habría que diferenciar entre estrés agudo y crónico.
El primero, durante el trabajo de parto puede ser beneficioso; incluso necesario, ya que es estimulador, activador y revitalizador. Incluso cierto estrés para el bebé es positivo ya que le hace resistente a la hipoxia que irremediablemente va a sufrir durante su nacimiento.
Sin embargo el estrés crónico es inhibitorio, y puede llegar a poner en peligro la salud de la mamá y el bebé.

Para diferenciarlos podríamos decir que el estrés agudo respeta más la fisiología, es rítmico (como las contracciones), se alterna con sensación de bienestar. Sin embargo el estrés crónico es lineal, no presenta alternancia.


Os presento los resultados a los que llegó un estudio del profesor Pierre Relier sobre los efectos del estrés en el embarazo


ESTUDIO SOBRE EL ESTRÉS EMOCIONAL DURANTE EL EMBARAZO
          (Relier)


Bajo
Medio
Alto
Partos prematuros
4%
17%
16,5%
Partos complicados
12,7%
17%
25%
Neonatos enfermos
4,2%
12,5%
13,8%
Trastornos neonatales 
(regurcitación, vómitos, ansiedad)
9,4%
13,8%
37,8%
Bebés difíciles (dificultades de sueño, trastornos de alimentación, hipo)
31,6%
50%
76%


Ya es de sobra conocido que el estrés durante el embarazo provoca trastornos tanto fisiológicos como psicológicos que pueden llegar a marcar la vida adulta. Varios experimentos han demostrado que las descargas de cortisol, la hormona asociada al estrés, dejan “huellas” en el cerebro del bebé y que, en ocasiones, estas descargas pueden influir en que sea un recien nacido “difícil”, se convierta en un adulto con irritabilidad y trastornos del comportamiento y algunas hipótesis apuntan incluso a que podría conducir a desarrollar patologías como la diabetes o alteraciones cardiovasculares. El estrés puede dejar su marca desde el instante mismo de la concepción. “El estrés psicológico de la madre en el momento de la concepción o de la nidación (cuando el óvulo fecundado se asienta en la mucosa uterina) puede modificar la distribución de los receptores de la hormona del crecimiento, perturbar la formación de la placenta y, en consecuencia, provocar un retraso del desarrollo”, escribe en su libro Adrián o la cólera de los bebés, Jean- Pierre Relier, un conocido neonatólogo francés, apoyándose en las investigaciones del biólogo canadiense Victor Han.


Un saludo, Sara
www.matronamadrid.com

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